
La alarma sonó a las cinco y media de la mañana, pero el café se me enfrió en la mesa mientras miraba por la ventana hacia el Casigana. No era cansancio físico; mis piernas estaban listas para los senderos, pero mi cabeza se sentía como una pestaña del navegador que se niega a cargar. Llevaba tres meses completando mis rutas por las faldas del Tungurahua sintiendo que arrastraba un ancla invisible.
Antes de seguir, quiero ser transparente: en este diario incluyo enlaces de afiliado. Si decides comprar un programa a través de ellos, Hotmart me da una pequeña comisión sin que a ti te cueste un centavo más. Solo escribo sobre herramientas que yo misma he pagado y probado en mis entrenamientos reales. Por cierto, no soy psicóloga ni entrenadora; si lo que sientes es una tristeza que no te deja vivir o ansiedad constante, por favor busca a un profesional de la salud mental, no un curso online.
El diagnóstico de una amateur: cuando el GPS no marca el agotamiento
A finales del año pasado, después de completar mi tercera media maratón, algo se rompió. No fue un tendón, fue la chispa. Como UX writer, paso el día diseñando experiencias para otros, pero me di cuenta de que mi propia experiencia como corredora era un desastre de usabilidad interna. Me sentía una impostora: una corredora que odiaba correr.
Viviendo en Ambato, a 2577 metros sobre el nivel del mar, el esfuerzo físico siempre es alto, pero mi problema era el 'ruido'. Esa voz que en el kilómetro 15 de un entrenamiento largo empezaba a enumerar los correos pendientes y las facturas por cobrar. Decidí que, si entrenaba mis cuádriceps para subir al volcán, tenía que entrenar mi cerebro con la misma disciplina. Así llegué al curso Entrenamiento Mental Para Deportistas, que tiene una calificación de 5.0 estrellas y prometía precisamente lo que me faltaba: gestión de la motivación y el enfoque.
Semanas de marzo: del video a la libreta de notas
Durante las primeras semanas de marzo, empecé a tratar el curso como un proyecto de trabajo. Me sentaba con mi café y mi cuaderno de notas, tratando de aplicar conceptos de psicología del rendimiento a mis salidas de fin de semana. Al principio, cometí el error de intentar usar herramientas que no eran para mí; por ejemplo, probé el Kit de Plantillas para Entrenadores Personales para registrar mis avances, pero terminé frustrada al ver campos de 'cliente' que solo me recordaban mi soledad en la ruta. Tuve que adaptar todo a mi realidad de corredora solitaria.
Lo más difícil no fue entender la teoría, sino enfrentar ese nudo frío en la boca del estómago que aparecía por la duda de si podré terminar el entrenamiento. Como profesional de UX, pensaba que debería ser capaz de diseñar mi propia motivación, pero me di cuenta de que soy mi usuario más difícil. El curso me obligó a dejar de ver la motivación como un rayo que te cae del cielo y empezar a verla como un proceso que se construye con rutinas de pre-entrenamiento.
El punto de giro en las laderas del Tungurahua
Hace unos tres meses, tuve mi prueba de fuego. Me encontraba en una subida técnica de 4 kilómetros, rodeada por ese olor a eucalipto húmedo tan nuestro. El suelo era pura ceniza volcánica suelta y la niebla empezaba a bajar, borrando el sendero. Mi monólogo interno estaba en modo sabotaje total, gritándome que regresara a casa porque 'ya era suficiente'.
En lugar de pelear con el pensamiento, apliqué una técnica de 'foco en el proceso' que aprendí en el programa de rendimiento mental. Dejé de pensar en los 21.0975 kilómetros de la meta y me concentré únicamente en el sonido rítmico de mis zapatillas contra la ceniza. Fue la primera vez en meses que logré silenciar el ruido del trabajo mientras corría. Entendí que para alguien con un trabajo de alta carga emocional como el mío, el agotamiento no es falta de voluntad, sino que mi reserva cognitiva ya está vacía antes de ponerme los zapatos.
Por qué los amateurs fallamos en la mentalidad
Muchos cursos de rendimiento asumen que tienes una energía mental estable, pero la realidad de un freelance es que el estrés crónico agota la capacidad de visualización. Si has pasado ocho horas resolviendo problemas de arquitectura de información, no puedes esperar que tu cerebro tenga la misma frescura para aplicar técnicas complejas de psicología deportiva sin un manejo previo del cansancio mental.
He aprendido que no se trata de ser 'fuerte', sino de ser estratégica. Por ejemplo, en los días de mayor carga laboral, he dejado de intentar sesiones de visualización profunda y simplemente aplico una rutina de calentamiento mental básica para separar la oficina de la montaña. Si sientes que la presión te supera, a veces ayuda recordar que no corremos para ganar medallas, sino para recuperar nuestra propia paz, algo que exploro en mi reflexión sobre gestionar la presión del grupo.
Un sábado nublado y una nueva perspectiva
El último sábado nublado en las faldas del Tungurahua no fue perfecto. Me dolía un poco el tobillo y olvidé los geles de repuesto. Sin embargo, no hubo drama mental. La técnica de gestión de pensamientos negativos que he estado practicando me permitió aceptar el cansancio como un dato más del GPS, no como un juicio sobre mi capacidad.
No corro más rápido que el año pasado —sigo siendo una amateur orgullosamente lenta—, pero corro con mucho menos ruido. Si estás en ese punto donde las piernas responden pero la cabeza te dice que te bajes del barco, quizás el problema no es tu plan de entrenamiento físico, sino que estás intentando correr una maratón mental con la batería en rojo. A veces, invertir en un programa como Entrenamiento Mental Para Deportistas es lo que marca la diferencia entre terminar una carrera sufriendo o terminarla sonriendo.
Si sientes que tu nutrición también está afectando tu claridad mental, podrías echar un vistazo al Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva, aunque para mí el cambio real empezó por los pensamientos. Ahora, mientras preparo mi próxima media maratón para finales de septiembre de 2026, ya no miro solo el desnivel acumulado en el mapa, sino que diseño mi estrategia de enfoque para cuando el volcán decida ponerse difícil.