Cuaderno de Rendimiento

Qué hacer ante las ganas de abandonar carrera por montaña

2026.08.04
Qué hacer ante las ganas de abandonar una carrera de montaña: entrenamiento mental para trail running en las laderas del Tungurahua

Once veces sentí, este año, la voz que pide dar la vuelta a mitad de una subida, y solo una vez le hice caso. El resto de las veces seguí, aunque el cuerpo no estaba necesariamente mejor que en esa única vez que paré. Lo que cambia entre una vez y la otra no es la pierna ni el pulmón: es lo que pasa en la cabeza en los primeros segundos después de que aparece esa voz. Llevo cinco años haciendo trail running en las laderas alrededor de Ambato, tres medias maratones desde 2023, y no soy psicóloga deportiva ni entrenadora — solo una amateur que lleva un diario de entrenamiento mental, con más intentos fallidos que técnicas que de verdad funcionaron.

Semana 12: la alarma sin queja

Doce semanas llevo anotando estos entrenamientos en el cuaderno, y hace pocos días encontré una entrada corta: la noche antes de salir a correr, puse la alarma sin revisar el reloj dos veces y sin la queja de siempre sobre lo dura que iba a ser la subida al día siguiente. No hay antes y después que contar — fue una noche cualquiera, y ya está: distinta de las demás solo porque no hubo negociación previa con la cama.

El sendero que uso más los domingos sale desde el Barrio Ficoa, aquí en Ambato, y sube hacia las faldas del Tungurahua sin que el volcán se deje ver casi nunca por la neblina. Ese domingo de la semana doce, los bastones golpeaban la piedra volcánica y en algún punto del ascenso me detuve sin razón clara: no había lesión, no me faltaba el aire de forma alarmante, simplemente ya no quería estar ahí. Sentí el viento frío en la nuca y el olor a tierra mojada, y el primer impulso fue dar la vuelta.

Bastón de trail apoyado en piedra volcánica durante una subida técnica en las laderas del Tungurahua, gestión del esfuerzo en carrera de montaña

Cuando el cuerpo está bien pero la cabeza ya se rindió

Lo que sentí ese domingo tiene un nombre que aprendí en uno de los cursos de Hotmart que he ido probando desde que empecé este diario: fatiga central. No voy a desarrollar aquí toda la diferencia entre el cansancio físico y el mental — eso ya lo dejé anotado en otra entrada —, pero sí puedo decir que en mi caso casi siempre falla la cabeza antes que las piernas. Tampoco es el lugar para hablar de la motivación que nace de uno mismo sin necesitar que nadie más la vea; ese tema también tiene su propio espacio en este diario.

Ahí es donde entra el contrato de los diez minutos: sigo diez minutos más a una intensidad mínima, sin exigirme nada además de seguir moviendo los pies. Casi siempre, en algún punto de esos diez minutos, la señal de alarma se disipa sola. No es magia ni fuerza de voluntad — es, sospecho, simplemente darle tiempo al cerebro para confirmar que la amenaza que imaginó no era real.

Los días que arrastro una jornada larga escribiendo textos de interfaz para algún cliente, ese contrato me cuesta más — el cruce entre el cansancio de la oficina y el del sendero da para su propio texto, pero lo dejo apuntado por ahora.

Segmentar el sendero: la gestión del esfuerzo cuesta arriba

Hace pocas semanas enfrenté una subida con un desnivel acumulado que me intimidaba antes de salir de casa. En vez de pensar en los kilómetros que faltaban para completar una media maratón — que son, si no se hace trampa con el GPS, 21,0975 kilómetros exactos —, decidí segmentar: reducir el mundo a lo que tenía inmediatamente delante. No miraba la cima del volcán, que llega a 5023 metros sobre el nivel del mar en su punto más alto, sino la siguiente piedra grande o el próximo arbusto de chuquirahua junto al sendero.

Fragmentar el esfuerzo así hace que la cabeza deje de calcular la magnitud total de la tarea, algo que también toqué cuando escribí sobre la preparación mental para subidas exigentes en rutas de trail running. Mantener la atención fija en la próxima piedra suelta, en vez de dispersarla, es también parte de lo que hace falta para no rodar en una bajada técnica — un músculo mental aparte del que hablo en otra entrada.

Cuaderno de diario de entrenamiento mental de una corredora amateur de trail running en Ambato

Los podcasts que dejaron de funcionar a los tres kilómetros

Durante varias semanas probé escuchar podcasts de motivación general antes de salir, de esos que prometen encender la cabeza con historias de superación. Funcionaba, pero solo hasta el kilómetro tres: después de eso, la voz de dentro volvía exactamente igual, como si el podcast nunca hubiera sonado. Terminé dejando esa costumbre — no porque la idea fuera mala, sino porque confundía inspiración con preparación, y son dos cosas distintas.

Se lo conté a Iliana, mi amiga desde la universidad, el mismo día en que le dije que el contrato de los diez minutos sí me había funcionado. Ella nunca se traga una técnica solo porque suene bien, así que me preguntó cuántas veces lo había probado y en qué tipo de subida, antes de darme la razón. Esa pregunta suya, sobre cuántas veces y en qué condiciones, es más útil que cualquier frase motivacional que haya escuchado en un podcast.

El diálogo que uno tiene consigo mismo a mitad de una subida merece su propia entrada — ya escribí sobre eso en otro texto de este diario —, igual que la rutina corta de enfoque que sigo antes de salir de casa, que dejo para otra ocasión.

Resiliencia versus sistema nervioso agotado

A veces me pregunto si lo que llamamos falta de garra no es, en realidad, una señal de que el sistema nervioso ya no da más por esta semana. Si cada entrenamiento se siente como una pelea cuesta arriba contra las ganas de parar, sospecho que el problema no es de técnica mental, sino de descanso pendiente. Aprender a distinguir el "no quiero porque duele el esfuerzo" del "no quiero porque ya no proceso el estrés" me ha costado más que cualquier técnica del curso — y forzar en el segundo caso solo empuja hacia el sobreentrenamiento.

Mido bastante de esto comparando mi semana con la de Doménica, una compañera del grupo de trail que corre un escalón más rápido que yo — nunca se lo he dicho, pero si logro seguirle el ritmo en el primer tramo, doy la semana por buena; si no, sé que algo distinto a la técnica se me está agotando por dentro.

Si esa sensación de agotamiento se extiende a otras áreas de la vida y no solo al sendero, vale la pena hablarlo con alguien capacitado — el trail no reemplaza eso. Hay otros temas alrededor de esta voz que prefiero no mezclar hoy: los nervios de la línea de salida de una media maratón son un animal distinto a las ganas de abandonar a mitad de una subida, la altura pesa distinto en la cabeza que en el pecho, el muro que golpea a mitad de una carrera larga no es exactamente lo mismo que esta voz que aparece temprano, el estado en que el sendero desaparece y solo queda el movimiento casi nunca me llega en una subida dura, visualizar el tramo técnico antes de correrlo es una herramienta aparte, y correr sola cuando ya no hay luz trae un miedo que merece su propio espacio. Todo eso queda anotado para otro domingo.

Lo que sí puedo decir es que dejar de compararme con otros corredores en redes sociales ayuda más de lo que cualquier técnica del curso logró sola.

Entrenar la cabeza no me ha vuelto una corredora rápida. Sigo siendo la misma amateur lenta que para a hacer fotos de la neblina y que se detiene, unas cuantas veces al año, a discutir consigo misma a mitad de una subida. Pero ahora, cuando esa voz aparece, primero le hago una pregunta antes de obedecerla: ¿esto es esfuerzo o es agotamiento real? Esa pregunta, más que cualquier técnica suelta de las que he probado en estas doce semanas, es lo único que me llevaría a cualquier otra carrera.

Importante: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.