Cuaderno de Rendimiento

Cómo organizar el entrenamiento de trail running siendo redactora freelance

2026.09.23
Redactora UX freelance revisando su plan semanal de trail running amateur en Ambato

Subo el último tramo de gradas de piedra del Parque Juan Benigno Vela con el teléfono vibrando en el bolsillo del chaleco de trail running. Un cliente pregunta si el copy del botón de pago ya está listo, pero decido no mirarlo hasta cerrar la vuelta completa. Detrás, entre nubes bajas, se asoma el Tungurahua, gris y enorme como cualquier mañana despejada en el valle. Esa negociación de treinta segundos conmigo misma, repetida casi a diario, es la organización real de mi entrenamiento: no un plan guardado en una aplicación, sino decisiones pequeñas tomadas a mitad de un sendero.

Llevo cinco años corriendo por Ambato y escribiendo interfaces digitales para clientes que casi nunca se enteran de que, entre una entrega y otra, cambio el teclado por zapatillas de trail. Esa mezcla —redacción UX y trail running amateur— obliga a resolver algo que ningún calendario resuelve solo: cómo repartir el cuerpo y la cabeza cuando el trabajo freelance no tiene horario fijo. Reúno aquí las preguntas que más me hacen lectoras y lectores sobre cómo organizo esas dos vidas, sin fórmulas de gestión mental de manual.

Organizar el trail running amateur cuando el freelance no tiene horario fijo

No me impongo una hora única para salir. Reviso la carga de trabajo de la semana los domingos y recién ahí decido si los bloques de sendero van temprano o tarde, según lo que cada cliente pida esos días. Sí tengo una rutina corta antes de calzarme que ayuda a cerrar la cabeza de trabajo, pero esa rutina de enfoque previo a entrenar la desarrollo con calma en otro texto — aquí solo cuenta que existe y que la repito casi siempre igual.

Para no depender de la memoria, llevo un registro simple con dos columnas: carga de pantalla y carga de sendero. Cuando la primera columna se llena de reuniones y entregas, la segunda tiene que ser liviana — un trote corto por el parque, nada de buscar desnivel. Es un balance que cambia cada semana, no una meta fija que deba cumplir sin importar el resto.

Entrenar en mañana o tarde cuando trabajas por tu cuenta

Prefiero la tarde, casi siempre. No tengo cómo explicarte con precisión científica por qué funciona mejor para mí — no soy fisióloga ni entrenadora certificada —, pero noto que después de varias horas frente a la pantalla, moverme corta el día de trabajo de un modo que quedarme sentada nunca logra. La mañana, en cambio, suele estar cargada de correos urgentes que prefiero resolver antes de perder la concentración en un sendero técnico.

Qué hacer cuando un cliente cambia tus planes de última hora

Negocio conmigo misma un mínimo no negociable: veinte minutos de trote suave cuentan como entrenamiento cumplido, aunque la idea original fuera una salida larga. Bajar la exigencia no es fracasar el plan, es adaptarlo. Descubrí esto después de intentar lo contrario durante bastante tiempo, forzando la salida completa sin importar la carga del día, y terminar agotada para el resto de la semana de trabajo.

Lo que probé y no funcionó: el grupo de WhatsApp de corredores

Durante un tiempo me uní a un grupo de WhatsApp de corredores locales, pensando que ver a otros marcando sus salidas me obligaría a ser constante por pura presión social. Duró poco. Los mensajes de gente saliendo a rutas que a mí no me tocaban ese día me generaban más culpa que impulso, y terminé silenciando el chat sin avisar. Lo que sí funciona, mucho más silencioso, es un acuerdo con un vecino del edificio, Carlos Hidrovo: lee las nubes del Tungurahua con más precisión que cualquier aplicación del teléfono, y un mensaje suyo antes de salir me ha ahorrado más de una vuelta frustrada bajo lluvia.

Compararme con el ritmo o el kilometraje de otros corredores es un tema aparte que merece su propio espacio — aquí solo cuenta que dejé de necesitar ese grupo para sostener la constancia.

Cómo evitar que el trabajo se quede pegado en la cabeza durante el sendero

No siempre lo evito. Hay salidas donde sigo redactando un microcopy mentalmente en el kilómetro tres, dándole vueltas a una palabra que no terminó de convencerme. Cuando eso pasa, elijo un tramo con más raíces y piedra suelta, porque el terreno técnico exige atención inmediata y no deja espacio para seguir editando frases en la cabeza. Escribí sobre esto con más detalle en cómo gestionar el cansancio mental por trabajo antes de correr montaña, así que no repito aquí todo el argumento.

Correr sola en el Parque Juan Benigno Vela y qué hago con las dudas

El parque tiene tramos suficientemente concurridos como para que correr sola no sea un problema en horarios normales, pero igual aparecen dudas — sobre todo cuando cambia la luz o el clima se pone dudoso. Ya escribí sobre cómo gestionar las dudas al correr sola por senderos de montaña y sigo aplicando buena parte de eso. Lo que sí puedo agregar es que ver el Tungurahua despejado desde el parque cambia el ánimo de cualquier salida, aunque nunca sea el lugar donde entreno. La altura de Ambato, eso sí, exige un manejo distinto del VO2 máximo que prefiero explicar a fondo en otro texto — aquí me basta con decir que respirar mal arruina cualquier plan de organización, por bueno que sea.

Manos de una redactora UX freelance organizando su semana de trail running amateur en un cuaderno

Cómo notar que la organización mental está funcionando

La señal más clara no llegó en un sendero. Llegué a una reunión presencial en la oficina de un cliente, subí tres pisos por las gradas cargando la laptop, y solo arriba noté que no había contado un solo escalón ni había llegado con el pecho apretado por el estrés de la reunión — simplemente subí, sin dramatizarlo ni contármelo a mí misma como una hazaña. Ese tipo de cambio no se mide en porcentajes ni se anota en una gráfica; se nota porque un día simplemente dejó de ser un esfuerzo.

Zapatillas de trail running amateur cubiertas de tierra volcánica cerca del Tungurahua

Preguntas que dejo para otro texto

Miguel Almeida, un lector que corre medias maratones de montaña al mismo ritmo conservador que yo, me escribió preguntando por qué no hablo aquí de la ansiedad antes de una carrera larga ni de las técnicas de visualización que uso antes de un tramo técnico. Son temas que merecen su propio artículo, no dos párrafos sueltos. Lo mismo pasa con el diálogo interno a mitad de una subida, con la diferencia entre fatiga física y mental, con el estado de flow que a veces aparece en un tramo bien corrido, con el muro psicológico que frena a media carrera y con el foco que exige un tramo técnico para no caer. También dejo fuera el aburrimiento de un rodaje largo y plano, el miedo puntual que da un tramo mal iluminado, la meditación aplicada al movimiento, la tolerancia al frío o la lluvia y el desgaste extra que da entrenar en altura. La forma en que fijo objetivos mentales, la mentalidad de crecimiento aplicada al entrenamiento, la motivación intrínseca de quien corre sin premio ni medalla y cómo se recupera la cabeza después de un esfuerzo exigente son, cada una, materia para su propio texto.

Si algo saco en limpio después de organizar así estos años, es que la constancia no depende de encontrar la aplicación perfecta ni el consejo perfecto, sino de aceptar que el plan cambia cada semana porque el trabajo también cambia. Eso, más que cualquier técnica puntual, es lo que me ha permitido seguir subiendo al Parque Juan Benigno Vela sin que se sienta como una obligación más en la lista de pendientes.

Importante: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.