Cuaderno de Rendimiento

Cómo aceptar ser un corredor lento sin perder la motivación al entrenar

2026.09.25
Corredora amateur de trail entrenando motivación y psicología deportiva en un sendero de montaña en Ecuador

Tras ver el mismo tiempo en la app de seguimiento una y otra vez, llega el momento de aceptar que quizás nunca vas a ser rápida. Esa pregunta me persiguió más de lo que quisiera admitir en este diario de entrenamiento mental, escrito desde el trail running en Ecuador y pensado para cualquier corredora amateur que entrena en serio pero siente que la motivación se le escapa por la cabeza y no por las piernas. La psicología deportiva de sofá suena bonita hasta que estás parada en una subida con las manos en las rodillas, viendo cómo alguien que empezó ayer te pasa con un saludo ligero, a más de 2580 metros sobre el nivel del mar.

Antes de seguir, un aparte necesario: en este diario hay enlaces de afiliado. Si terminas comprando algún programa a través de ellos, la plataforma me paga una comisión que ayuda a sostener este espacio, sin que tú pagues nada extra. Escribo únicamente sobre cursos que compré y probé en mis propias salidas por Ambato. No soy psicóloga ni entrenadora certificada. Si lo que sientes va más allá de la falta de ganas, busca a un profesional de salud mental.

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La trampa de compararme con quien tengo al lado

Recorro estos senderos desde hace bastante y ya he corrido tres veces la distancia oficial de media maratón (los mismos 21.0975 kilómetros de siempre), y sigo siendo "lenta". Durante meses mi diálogo interno fue una tortura silenciosa cada vez que alguien me pasaba en una cuesta. Ese hábito de medirme contra la persona de al lado tiene su propio artículo en este diario, porque merece más que un párrafo suelto aquí. Lo que sí puedo contar es que la voz repetía lo mismo mientras yo ajustaba el cronómetro con los dedos entumecidos bajo la llovizna, con ese crujido blando de la tierra empapada bajo las zapatillas apenas arrancaba la primera subida desde el Barrio Ficoa.

Reloj deportivo bajo llovizna andina durante una sesión de entrenamiento mental para corredoras lentas

Esa fatiga de cabeza pesaba más que el cansancio en las piernas, aunque separar una de la otra da para su propio tema y no lo voy a resolver en una frase suelta aquí. A mediados de año intenté seguir un plan de velocidad pensado para corredoras de élite durante dos semanas, y terminé sentada en el auto sin ganas de bajarme, sintiéndome una fraude por no aguantar el ritmo que el papel prometía. Ahí entendí que el problema no eran mis piernas sino mi negativa a aceptar mi ritmo real sin castigarme. Por qué siento cansancio mental al entrenar si mis piernas están bien fue la pregunta que me empujó a buscar algo distinto para la cabeza, no para las pantorrillas.

Lo que cambia cuando el entrenamiento mental apunta a la atención y no al reloj

Dejé de perseguir el "intervalo perfecto" y me inscribí en Entrenamiento Mental Para Deportistas. Me llamó la atención su enfoque en la psicología deportiva para quien entrena en serio sin ser profesional -- tiene una calificación de 5.0 en Hotmart, y ahora entiendo el por qué. No promete que vas a ganarle a nadie; enseña a manejar el ego cuando no le vas a ganar a nadie.

Una de las técnicas fue registrar el "éxito subjetivo" de cada salida. En vez de mirar si el kilómetro bajó de los seis minutos, anoto qué tan presente estuve durante la subida. En las laderas hacia el Tungurahua la velocidad pura es casi una fantasía para alguien como yo, y ese estancamiento resultó ser fatiga por comparación, no fatiga de piernas. El curso también trae una rutina de enfoque para los minutos antes de salir a correr, pero esa rutina se merece su propia entrada más adelante en este diario. Un amigo del barrio entrena ciclismo de montaña por los caminos de tercer orden hacia Píllaro, y una tarde me dijo que a él ya no le importa quién le saca ventaja en la subida, solo terminar entero. Esa motivación que no depende de ganarle a nadie es, quizás, la única que dura, y ese tema ya lo empecé a abrir en otra entrada de este diario.

Cuaderno de entrenamiento mental y taza de café frío sobre una mesa de madera, parte de la rutina de motivación amateur

Hubo una técnica de visualización que, siendo honesta, no me funcionó. El curso sugería imaginarme cruzando la meta entre las primeras, y para alguien que suele llegar en el último tercio eso me generaba más ansiedad que impulso -- la visualización en carreras de montaña da para un artículo aparte, y ya escribí sobre eso en otra entrada. La cambié por visualizar cómo administro la energía en los puntos de control, y ahí encontré terreno más honesto para mí.

Volverse eficiente sin ser la más rápida

Aquí mi punto de vista de amateur se separa de los manuales clásicos. Para quienes corremos eventos con tiempos de corte estrictos, aceptar que somos lentas no es rendirse. Es volverse ridículamente eficiente. Si no tienes velocidad punta, no puedes regalar ni un segundo en dudas ni en una técnica descuidada que te agote antes de tiempo. cómo establecer una rutina de calentamiento mental antes de correr me resultó más vital a mí que a una corredora de élite, porque necesito cada gramo de enfoque para no desmoronarme cuando el reloj de la organización me pisa los talones.

A veces la cabeza cansada en realidad es cuestión de combustible antes que de mentalidad. Para esa otra cara del entrenamiento existe el Curso de Entrenamiento y Nutrición Deportiva; no es el eje de este diario, pero prefiero nombrarlo antes que fingir que lo que como no pesa en cómo aguanto una salida larga. Si tu bloqueo es puramente de cabeza, eso sí, el entrenamiento mental debería ir primero.

Zapatillas de trail running sobre terreno volcánico y vegetación de páramo en Ecuador

Madrugar no arregla lo que pasa en la cabeza

Puse la alarma a las 5:30 de la mañana durante varias semanas, con la idea de salir antes de que el valle se calentara y mi mente tuviera tiempo de inventar excusas. Físicamente funcionó -- salía antes del tráfico y del sol fuerte -- pero la cabeza seguía negociando conmigo a mitad de subida, alarma temprana o no. Madrugar sola, sin el trabajo de fondo del curso, no movió nada. Quedan otros temas de este diario que iré llenando semana a semana: la ansiedad de los días antes de una carrera larga, el miedo puntual de salir a un sendero nuevo si se te hace de noche, la meditación en movimiento que algunas corredoras juran que les cambia la cabeza, y la tolerancia al frío y la llovizna cuando el cuerpo solo pide la cama. Me falta también escribir sobre el muro psicológico de mitad de carrera, sobre ese estado de flow que algunas describen y yo apenas he probado, y sobre el foco que exige una bajada técnica llena de piedra suelta. Fijar objetivos mentales que no sean solo el número en el reloj es otro pendiente, igual que la carga extra que deja la altitud en la cabeza, la recuperación después de una media maratón exigente, y el aburrimiento que gana terreno en los rodajes largos cuando el paisaje ya no sorprende. Los días en que el trabajo freelance pesa más de la cuenta tampoco ayudan a la salida siguiente, y ese cruce entre la pantalla y el sendero también tiene su propio espacio pendiente aquí.

La salida de la semana 7 que se sintió distinta

Un sábado hace poco terminé un entrenamiento largo de tres horas desde el Barrio Ficoa. No batí ningún récord. El tiempo fue casi idéntico a uno parecido del año pasado. Pero la diferencia fue enorme: terminé sonriendo. No hubo nudo en el estómago ni reproches silenciosos mientras estiraba junto a la camioneta. La noche anterior había puesto la alarma sin revisar el reloj dos veces y sin la queja mental de siempre, y ahí noté que algo distinto estaba pasando en la semana 7 de este proceso. Acepté que mi cuerpo tiene un ritmo de crucero propio y que mi victoria personal es sostener ese ritmo sin pelearme por el camino.

Si sientes que perdiste la chispa porque tus números no se mueven, tal vez es momento de dejar de entrenar solo las piernas y empezar a entrenar el juicio que tienes sobre ellas. Aplicar la mentalidad de crecimiento para no frustrarse me devolvió el gusto por el silencio de la montaña al amanecer. El Tungurahua sigue ahí, indiferente a mis cronómetros, recordándome que lo que cuenta es seguir subiendo. Si estás lista para dejar de pelear contigo misma, vale la pena darle una oportunidad a un proceso estructurado como Entrenamiento Mental Para Deportistas; a veces la mejor inversión no son zapatos nuevos, sino una forma distinta de hablarte a ti misma. La lección que me llevo de esta semana es simple: la cabeza también se entrena con constancia, no con un solo madrugón perfecto.

Importante: Aquí comparto lo que he vivido en primera persona -- ningún consejo médico, financiero ni legal. Lo que funcionó para mí puede que no funcione para ti. Habla con tu médico, asesor o abogado antes de tomar decisiones que realmente importen.