
Mentalidad de crecimiento y pensamiento positivo no son lo mismo, aunque entre corredoras de trail en Ecuador se usan casi como sinónimos. Pensamiento positivo es decirte que todo va a salir bien. Mentalidad de crecimiento es otra cosa: es cambiar la pregunta que te haces cuando una sesión sale mal, no el tono con que te la dices. Llevo tiempo entrenando la parte física de correr en sendero y, en algún punto, entendí que la psicología del rendimiento no consistía en subir el ánimo antes de salir, sino en interpretar distinto lo que pasa después de una mala salida. Esa confusión, tratar la motivación amateur como si fuera solo cuestión de actitud, es probablemente el malentendido que más frena a quienes recién empiezan a tomarse en serio el entrenamiento mental.
Antes de seguir, la aclaración de siempre: este diario incluye enlaces de afiliado. Si compras un programa a través de ellos, la plataforma me da una comisión y a ti no te cuesta nada extra. Escribo sobre los cursos que yo misma pagué y probé en mis salidas. No soy psicóloga ni entrenadora certificada, así que si lo que sientes no se resuelve saliendo a correr, habla con alguien que sepa de salud mental de verdad.
El malentendido más común sobre la mentalidad de crecimiento
La versión más repetida dice algo así: si crees en ti, mejoras. Pero eso no explica por qué corrí tres medias maratones desde 2023, cubriendo cada vez esos 21.0975 kilómetros reglamentarios, y aun así hubo tramos en que terminaba una carrera sintiéndome peor que antes de empezarla. Creer en mí no cambiaba el resultado. Lo que sí cambió, con el tiempo, fue la pregunta que me hacía después: pasé de "por qué no soy más rápida" a "qué parte de esto todavía no domino". Ese cambio de pregunta es la mentalidad de crecimiento real, no la frase motivacional que la resume mal.
Fue más o menos en ese punto cuando empecé a probar en serio el curso de Entrenamiento Mental Para Deportistas, no porque prometiera una solución mágica, sino porque quería ver si la parte mental se podía entrenar con la misma constancia que uso para las piernas.
Mi amiga Iliana, con quien estudié en la universidad y que ahora vive a diez minutos de mi casa en Ambato, es la primera en pedirme pruebas cuando le digo que una técnica del curso me funcionó. No le basta con que yo esté de buen humor una semana. Me pregunta qué hice distinto, en qué sesión concreta lo noté, si lo volvería a repetir. Esa exigencia, aunque a veces me incomoda, se parece más a la mentalidad de crecimiento real que cualquier frase que pegaría en un cuaderno.
Disciplina y cabeza entrenada no son lo mismo
No. La disciplina es la que te saca de la cama en una mañana fría; la cabeza entrenada es la que decide qué haces con el diálogo interno una vez que ya estás en el sendero y las piernas empiezan a protestar. Confundir ambas cosas es otra versión del mismo malentendido: pensar que con suficiente fuerza de voluntad la parte mental se resuelve sola. En la práctica, la disciplina te lleva hasta la puerta; la cabeza entrenada decide si sigues después del primer tramo incómodo.
Si apenas estás empezando y sientes que el sendero te queda grande, lo primero que vale la pena revisar es la paciencia, no la motivación. Escribí sobre eso en cómo entrenar la paciencia en el running para no frustrarse al inicio, porque casi siempre lo que se lee como falta de mentalidad es, en realidad, falta de tiempo acumulado en el sendero.
Cambiar de ruta cada semana no es una estrategia mental
Durante un tramo largo probé algo que sonaba razonable: cambiar de ruta cada semana para engañar al aburrimiento con paisajes nuevos. Una salida pasaba cerca del Mercado Mayorista de Ambato, con los puestos armándose antes de que amaneciera del todo; otra semana buscaba una calle distinta, una pendiente distinta. Funcionó como distracción un par de semanas y después dejó de servir, porque el problema nunca fue el paisaje: era la misma voz que aparecía en cualquier ruta, solo que tardaba un poco más en aparecer cuando había algo nuevo que mirar.
Ahí entendí que estaba confundiendo una solución logística con una técnica mental. A veces ese cansancio que le atribuyo a la cabeza es, en realidad, cansancio físico mal alimentado, y ahí el curso de Nutrición Deportiva tiene su lugar -- aunque ese cruce entre comida y cabeza merece su propio espacio y no es el tema de hoy.
Otras veces el bloqueo tampoco nace en el sendero, sino en haber pasado el día entero frente a una pantalla escribiendo textos de interfaz. Escribí sobre eso en la gestión del estrés para corredores aficionados que trabajan como freelance, porque para quienes trabajamos así, la saturación se nota en la cabeza antes que en las piernas.
Cuando el bloqueo es realmente mental
No siempre es fácil saberlo, y ahí es donde más se abusa de la frase "todo es mental": a veces el cuerpo simplemente necesita descanso, no una técnica nueva. Uso como referencia silenciosa el ritmo de Doménica Terán, una compañera del grupo de trail de Baños que corre un escalón más rápido que yo -- si un día ni siquiera me provoca acercarme al paso que normalmente intento igualar, sé que lo que falla no son solo las piernas. Esa comparación no es para presionarme; es solo un dato más, igual que el clima o el sueño de esa semana.
La regla que reemplazó mis frases motivacionales
Dejé de escribir frases sueltas en el cuaderno y empecé a anotar, después de cada salida, qué técnica probé y si funcionó o no. La visualización, por ejemplo, todavía me resulta incómoda; me siento rara imaginando una meta cuando solo intento no jadear en una subida. El anclaje sensorial -- fijar la atención en el contacto de los pies contra la piedra -- sí me sirve, y lo sé porque lo puedo repetir, no porque me sienta inspirada ese día.
La prueba más clara de que algo cambió no fue una carrera ni un tiempo mejor. Fue picar tomate para el almuerzo con un módulo del curso sonando de fondo y notar, sin haber tocado el celular ni una vez, que la cabeza se había quedado quieta en una sola cosa. Ese tipo de momento no sale en ningún resumen motivacional, pero es la evidencia que de verdad uso.
Entonces la regla que me sirve no es repetirme que voy a lograrlo. Es preguntarme, cada vez que algo sale mal, qué parte todavía no domino y si vale la pena entrenarla esta semana o dejarla para la siguiente. Si tu cabeza es lo que más te frena en el sendero, el programa de Entrenamiento Mental Para Deportistas es el que yo uso de referencia -- no resuelve todo, pero da una estructura para hacer esa pregunta en vez de repetir una frase y esperar que funcione.